Sala de estar. Madera. Tres sillones, una puerta, dos ventanas con cortinas escarlata corridas, una hoguera, alfombras bordó. Oscuro. Rojo.
Asentía a todo, como si no le importase nada
Quizás fue por ese sueño que tuvo.
Ignoraba con ese aire de que era un maleducado
(Sabia que lo era)
-¿por que escribís?, pensé que habías dejado de hacerlo
No contesto
Ella se levanto y le dio una bofetada en la cara
-te estoy hablando!
Levanto la cara fríamente como si una mosca hubiese rozado su cara
-¿desde cuando te importa si escribo o no? Nunca deje de hacerlo-
- yo nunca encontré hojas, ni cuentos ni historias, ni fragmentos en el aire como solías hacer-
- no las guardo-
- ¿por que?-
- no quiero que lo leas, las rompo-
- ¿te parece lindo decir esas cosas?-
-no me parece lindo lo que escribo-
-¿y porque lo haces?-
-mmm...-con cara de pensativo-¿pensás que a los asesinos les gusta matar?-
-si, sino no lo harían-
Acariciando la cabeza de ella y en tono irónico- siempre fuiste tan ingenua-
-vos me hiciste lo que soy, y quisiste estar conmigo toda tu inmortalidad-
-todos cometemos errores-
-sos tan frío-
-me quisiste así-
-¿vamos a seguir así?-
-vos quisiste ser esto, elegiste ser un monstruo, no me culpes!-
Bajando la cabeza-porque te ame!-
-en tiempo pasado lo decís-
Sin mirarlo: -si...-
-no hace falta que te quedes, sos libre, siempre lo fuiste-
-por algo no me habré ido-
-vos decidís-
Su mirada va a la ventana, vacía, como si esta esperando algo.
Se levanta y le saca el papel de la mano con fuerza
Se sorprende
El la mira. Ella se dirige hacia la puerta.
-Adiós-
El no contesta.
Baja la vista y se decide a abrir.
Cuando toca el picaporte siente una fuerte presión sobre su cuello.
Entonces siente el calor en su espalda de el pecho de el.
Cae una mancha de sangre en el piso
Ella cierra la puerta...
Susurro: -así funciona la inmortalidad...-
B.R
Un conejo de peluche para una casa tomada
Como todo día predecible y normal (quien podría llamarlo normal en este mundo), desperté en mi cama por la mañana. Quizás a esta altura me hubiese gustado no haber despertado. Pero las cosas no se pueden cambiar luego de haber pasado.
Fueron todos hechos extraños, como un sueño. A lo mejor lo fue. Ese día conocí a Alex. Creía que alguien con ese nombre no podría causar miedo, pero me equivoque. Cuando quise salir de mi casa me encontré con una fortaleza. No podía escaparme, realmente no se como, tampoco como intenté irme, pero lo cierto es que no podía. En ese instante conocí la razón de porque estaba atrapada. Esa razón era un conejo de aproximadamente 1,60 cm de alto, grisáceo, sucio y medio rotoso. Le encontré un parecido con otro de su especie y me puse contenta porque pensé que no me podía hacer nada. Pero realmente no era como aquel conejo, este parecía ser de una mafia superior, o algo por el estilo. Pero solo pude verlo esa vez, el resto del tiempo solo permanecía allí. Es difícil de explicarlo, intentaré hacerlo. Fue como si estuviese un piso más arriba de nosotros, no un piso de la casa, ya que esta era solo de planta baja. Pero estaba allí, sobre nosotros. Como un dios todopoderoso, observándonos y controlándonos. Era un dogma de conejos o algo así. Creíamos que estaba ahí. Podíamos sentirlo. No existía el agnosticismo. Era sencillo, y no era una religión. El puto conejo superpoderoso estaba sobre nosotros. Era patético confesar eso, daba bronca si uno no era creyente.
En fin, había guardianes o algo por el estilo, que nos vigilaban, uno en cada puerta, en cada ventana. Eran inútiles, no pensaban, tan solo eran hombres vestidos de negro con anteojos de sol obscuros. Pero me gustaba llamarles “no muertos”, era más emocionante. Siempre me gustaron los zombies. Quizás no tanto como los vampiros, pero eran geniales.
Entonces los no muertos protegían cada escapatoria. Como dije entonces, todos lo hechos de ese día no los recuerdo con exactitud. Y lo que rescato era una película predecible: intentar hablar por teléfono y encontrar el cable cortado, burlarse de los estúpidos vigilantes/no muertos, y fracasar, era sin duda una mezcla de absurdo y lo predecible, de esas películas que nos hartan, hasta que somos los únicos que quedan en el cine a ver si cambia algo. La única diferencia era la idea de estar atrapados en su propia casa x un conejo gigante mafioso. Eso si que no lo había visto.
Por otra parte lo relacione con un sueño que había tenido anteriormente, era increíble, nunca había soñado una ridiculez semejante: el funeral de un conejo. Pero no un conejo de mascota. Uno igual que Alex. La única diferencia era su pelaje blanco y algunos detalles rosados.
Un conejo también gigante, de mas de metro y medio adentro de un cajón, en una casa vejatoria, rodeado de flores y gente mirándolo e ignorándolo como cualquier persona de ahí. Esa mañana al despertar no sabía si reír o preocuparme. No tomé nada por lo menos por un mes antes de dormir.
Me había olvidado de ese sueño cuando conocí a Alex, solo lo recordé por el hecho de que pensaba si tendría algo que ver. Tampoco recuerdo las personas con las que estaba, pero se que no estaba sola, aunque creyera que si.
Finalmente se que unas de esas personas salieron, pero era parte de un trato. Luego tendrían que volver. Y yo planeaba una trampa. En ese momento mezclado de terror y fascinación apareció una niña, una niña muy pequeña, pelirroja y demasiado pálida, la cual salió de la habitación en la que estaba el conejo.
La joven tenía un vestido carmesí y un aspecto demasiado espectral. Sus ojos resaltaban notablemente. Bajo el brazo llevaba un conejo de peluche, igual a Alex. Ahí se desvaneció todo, junto a la inocente voz de la niña:
-Gracias por jugar conmigo-
Todo desapareció, fue increíble. Tanto hermoso como aterrador. No comprendía nada.
Me emocionó esa historia, tanto quería escribirla, pero Alex me dijo que ya era un libro o una película, no le entendí. Me sentí triste.
Todo cambió cuando la niña antes de desaparecer me susurró una vez más con su vos tan pura:
-Estas soñando, escríbelo cuando despiertes-
Fueron todos hechos extraños, como un sueño. A lo mejor lo fue. Ese día conocí a Alex. Creía que alguien con ese nombre no podría causar miedo, pero me equivoque. Cuando quise salir de mi casa me encontré con una fortaleza. No podía escaparme, realmente no se como, tampoco como intenté irme, pero lo cierto es que no podía. En ese instante conocí la razón de porque estaba atrapada. Esa razón era un conejo de aproximadamente 1,60 cm de alto, grisáceo, sucio y medio rotoso. Le encontré un parecido con otro de su especie y me puse contenta porque pensé que no me podía hacer nada. Pero realmente no era como aquel conejo, este parecía ser de una mafia superior, o algo por el estilo. Pero solo pude verlo esa vez, el resto del tiempo solo permanecía allí. Es difícil de explicarlo, intentaré hacerlo. Fue como si estuviese un piso más arriba de nosotros, no un piso de la casa, ya que esta era solo de planta baja. Pero estaba allí, sobre nosotros. Como un dios todopoderoso, observándonos y controlándonos. Era un dogma de conejos o algo así. Creíamos que estaba ahí. Podíamos sentirlo. No existía el agnosticismo. Era sencillo, y no era una religión. El puto conejo superpoderoso estaba sobre nosotros. Era patético confesar eso, daba bronca si uno no era creyente.
En fin, había guardianes o algo por el estilo, que nos vigilaban, uno en cada puerta, en cada ventana. Eran inútiles, no pensaban, tan solo eran hombres vestidos de negro con anteojos de sol obscuros. Pero me gustaba llamarles “no muertos”, era más emocionante. Siempre me gustaron los zombies. Quizás no tanto como los vampiros, pero eran geniales.
Entonces los no muertos protegían cada escapatoria. Como dije entonces, todos lo hechos de ese día no los recuerdo con exactitud. Y lo que rescato era una película predecible: intentar hablar por teléfono y encontrar el cable cortado, burlarse de los estúpidos vigilantes/no muertos, y fracasar, era sin duda una mezcla de absurdo y lo predecible, de esas películas que nos hartan, hasta que somos los únicos que quedan en el cine a ver si cambia algo. La única diferencia era la idea de estar atrapados en su propia casa x un conejo gigante mafioso. Eso si que no lo había visto.
Por otra parte lo relacione con un sueño que había tenido anteriormente, era increíble, nunca había soñado una ridiculez semejante: el funeral de un conejo. Pero no un conejo de mascota. Uno igual que Alex. La única diferencia era su pelaje blanco y algunos detalles rosados.
Un conejo también gigante, de mas de metro y medio adentro de un cajón, en una casa vejatoria, rodeado de flores y gente mirándolo e ignorándolo como cualquier persona de ahí. Esa mañana al despertar no sabía si reír o preocuparme. No tomé nada por lo menos por un mes antes de dormir.
Me había olvidado de ese sueño cuando conocí a Alex, solo lo recordé por el hecho de que pensaba si tendría algo que ver. Tampoco recuerdo las personas con las que estaba, pero se que no estaba sola, aunque creyera que si.
Finalmente se que unas de esas personas salieron, pero era parte de un trato. Luego tendrían que volver. Y yo planeaba una trampa. En ese momento mezclado de terror y fascinación apareció una niña, una niña muy pequeña, pelirroja y demasiado pálida, la cual salió de la habitación en la que estaba el conejo.
La joven tenía un vestido carmesí y un aspecto demasiado espectral. Sus ojos resaltaban notablemente. Bajo el brazo llevaba un conejo de peluche, igual a Alex. Ahí se desvaneció todo, junto a la inocente voz de la niña:
-Gracias por jugar conmigo-
Todo desapareció, fue increíble. Tanto hermoso como aterrador. No comprendía nada.
Me emocionó esa historia, tanto quería escribirla, pero Alex me dijo que ya era un libro o una película, no le entendí. Me sentí triste.
Todo cambió cuando la niña antes de desaparecer me susurró una vez más con su vos tan pura:
-Estas soñando, escríbelo cuando despiertes-
tarea para literatura

- Protocolo
Debido a la consigna quiero hacer un texto, y principalmente pienso en una persona a la cual escribirle. Rápidamente se me ocurre alguien, y entonces ordeno todo lo que quiero decirle.
Quiero hacerle preguntas, pero sin esperar respuestas, decirle que lo extraño, pero que no se dé cuenta de lo mucho de me lastimó.
Hacerle saber que quiero ser su amiga, pero que entienda que no me arrepiento de nada. Ser tan sincera para conmoverlo como yo se hacerlo. Y que cada recuerdo, cada palabra sea algo nuestro, que haya significado algo.
Quiero hacerle sentir que estaba equivocado, pero reconocerle que yo también estuve mal. Le diría que aún siento muchas cosas, pero que no se dé cuenta de mis verdaderos sentimientos.
Quiero decirle que lo entiendo, y que a pesar de que él haya elegido otra vida yo intento reconstruir la mía. Hacerle saber que no espero nada de él, porque lo acepté así. Y decirle que aún tengo esperanzas, pero no ser tan obvia.
Parece ser un relato común o más bien no tener tantas dificultades, pero en el amor es imposible. Algunas cosas solo las entendería él, o mejor dicho gran parte del texto está escrito en forma ambigua. Pero el verdadero deseo esta en el sentimiento aunque las expectativas no estén cumplidas en su totalidad. - Redacción del texto
Porque fuiste tan importante que el olvido te recordó más que estando presente.
Porque Domingo se rió de nosotros mientras contábamos historias, el mismo Domingo que siempre llora a las siete de la tarde.
Porque la luna me vio temblar la primera vez que me abrazaste, y tu espíritu inquieto me dio la tranquilidad que nunca sentí.
Porque tu mirada dura y expresiva me ayudó y me enseñó muchas cosas, incluyendo el valor de la amistad.
Porque nos reímos con sarcasmo del mundo despreciable y pateamos odio para conseguir amor.
Porque creíste en mi noche de tormenta, en la revolución y en el septiembre que se desvaneció ante la primer ráfaga de viento.
Porque somos inconformistas, lloramos, y nos gusta la literatura tanto como la música.
Porque viví un vehemente sueño del que me costó despertar, y recordar todo eso no trae sino mas melancolía e inútiles lamentos.
Porque nunca voy a perder mi magia ni lo que me hiciste sentir.
Y porque escribir no alcanzará para contar tu historia. Te agradezco por ser mi delirio aquellas tardes funestas. Yo siempre creí en el destino, y sería injusto dejar de hacerlo ahora...
Porque no puedo dejar de quererte, y porque nunca rompí una promesa.
El cántico de la noche murmuraba inocentemente una amistad eterna. Y porque una inevitable aflicción me llena de pena al rechazarte...
(marzo/2008)
Domingo...
Domingo suspira en mi cuello, dándome escalofríos, mientras observo el cielo, cuando baja el sol. Tras mi susto por no percibirlo se sienta junto a mí, y comenzamos a charlar.
Le pregunté: ¿donde se esconde la felicidad cuando asoma el dolor, el lamento, la desesperación? Y me dijo que no conoce la felicidad, que no podía responderme.
Tuvimos una larga conversación, a la cuál no le presté mucha atención. Hundida en mis pensamientos, inconcientemente dejé escapar un par de lágrimas. Domingo sonrió subjetivamente.
Al mirar al cielo, ignorando la razón, recordé el día en que el sol se pintó de rojo, y seguí reflexionando…
Cuando Domingo está triste el ocaso se pinta rojizo, cuando Domingo llora, el atardecer esta amarillento, pero nunca descubrí el poniente lluvioso.
Tras un largo silencio, Domingo me volvió a observar, y me preguntó inocentemente por qué estaba llorando. Aunque se que el ya sabía porque. No le contesté, y luego me dijo que cuando el reloj suene para despedir a Domingo, entendería a la persona por la que lloraba. Me burlé de él, pero se que Domingo no se equivoca, nunca se equivoca. Y, abatida, le susurre que esa persona solo es un hermoso recuerdo al cual guardo para mi misma en el fondo de mi corazón.
Después de los últimos latidos del cielo rojizo, se detiene todo, se congela. Como si por unos instantes el mundo se viviera en cámara lenta. Son tan solo diez inevitables minutos que duran una eternidad.
Domingo se eleva, se queda en silencio, pero se que por dentro grita, blasfema inútilmente… Clama con tanta aflicción que solo pocas personas podemos comprenderlo. Y cuando finalmente cesa, mi vista recorre el alrededor, para confirmar que ya es de noche. Por suerte la peor parte es esa. Entonces Domingo desaparece por unos instantes.
Tras un breve lapso regresa a mi lado, suspirándome nuevamente, y lamentándose.
Se que Domingo me hace demaciado mal al jugar conmigo. Pero el también sufre, y en el fondo lo quiero mucho…
Domingo se burla de mí, me lastima, y, simultáneamente seca mis lágrimas y me abraza tiernamente bajo el cielo estrellado y el dulce cántico nocturno.
A media noche seguía mirando el cielo, Domingo ya se había ido.
Solo dejé en claro que ya las cosas cambiaron, y Domingo no es el de antes, ahora me traiciona mucho más, cambió demasiado.
Por eso las puestas de sol son más melancólicas, más vacías. Y mis lágrimas son por rechazo. Solo por ser Domingo…
B.R /2007
Le pregunté: ¿donde se esconde la felicidad cuando asoma el dolor, el lamento, la desesperación? Y me dijo que no conoce la felicidad, que no podía responderme.
Tuvimos una larga conversación, a la cuál no le presté mucha atención. Hundida en mis pensamientos, inconcientemente dejé escapar un par de lágrimas. Domingo sonrió subjetivamente.
Al mirar al cielo, ignorando la razón, recordé el día en que el sol se pintó de rojo, y seguí reflexionando…
Cuando Domingo está triste el ocaso se pinta rojizo, cuando Domingo llora, el atardecer esta amarillento, pero nunca descubrí el poniente lluvioso.
Tras un largo silencio, Domingo me volvió a observar, y me preguntó inocentemente por qué estaba llorando. Aunque se que el ya sabía porque. No le contesté, y luego me dijo que cuando el reloj suene para despedir a Domingo, entendería a la persona por la que lloraba. Me burlé de él, pero se que Domingo no se equivoca, nunca se equivoca. Y, abatida, le susurre que esa persona solo es un hermoso recuerdo al cual guardo para mi misma en el fondo de mi corazón.
Después de los últimos latidos del cielo rojizo, se detiene todo, se congela. Como si por unos instantes el mundo se viviera en cámara lenta. Son tan solo diez inevitables minutos que duran una eternidad.
Domingo se eleva, se queda en silencio, pero se que por dentro grita, blasfema inútilmente… Clama con tanta aflicción que solo pocas personas podemos comprenderlo. Y cuando finalmente cesa, mi vista recorre el alrededor, para confirmar que ya es de noche. Por suerte la peor parte es esa. Entonces Domingo desaparece por unos instantes.
Tras un breve lapso regresa a mi lado, suspirándome nuevamente, y lamentándose.
Se que Domingo me hace demaciado mal al jugar conmigo. Pero el también sufre, y en el fondo lo quiero mucho…
Domingo se burla de mí, me lastima, y, simultáneamente seca mis lágrimas y me abraza tiernamente bajo el cielo estrellado y el dulce cántico nocturno.
A media noche seguía mirando el cielo, Domingo ya se había ido.
Solo dejé en claro que ya las cosas cambiaron, y Domingo no es el de antes, ahora me traiciona mucho más, cambió demasiado.
Por eso las puestas de sol son más melancólicas, más vacías. Y mis lágrimas son por rechazo. Solo por ser Domingo…
B.R /2007
Fragmento de INMORTALIDAD

Repito una vez mas, esto solo son crónicas. De lo que me paso hace mucho tiempo, no esperen poesía, en la vida no la van a encontrar, la crea uno mismo a lo largo de su camino. También es predecible, la vida lo es, como muchas personas, y resulta obvio lo que pasara.
El día que reencontré a Marco
El día que reencontré a Marco
Me senté a los pies de la cama como tantas veces hice estúpidamente anonadada.
-hola- murmuró, no le respondí – estas muy diferente- añadió. Estiró su mano y me toco el rostro, y siguió, -estas helada y muy pálida, tus ojos cambiaron y…-
Lo interrumpí con una mirada seca, típica de mi, solo pude decirle:- ¿para que hablas si ya lo sabes todo?…- fue agresivo, me dijo: -ya se- luego sonrió.
Se levanto de la cama, y se puso una camisa negra que se encontraba en una silla muy próxima, sobre su remera de Batman (la cual siempre me cuso gracia a mis adentros). Entonces volvió en dirección mía, y se arrodillo enfrente. A continuación me tomo de las manos haciéndome recordar un sueño pasado, solo me dijo: - te extrañe- y me abrazo, corrió su cabeza de tal forma que su cuello quedo descubierto ante mi boca. No era muy alto, pero yo tampoco lo era, siempre bromeábamos con eso. Pero en ese momento y en esa circunstancia ya no hizo falta pensar en nada más.
Es que sabía tanto como yo lo que iba a pasar. Era una promesa que tiempo atrás hicimos sin esperar que llegara algún día esa ensoñación.
Me abrazo con más fuerza, y por más que me hubiese resistido no podría haberlo hecho. No hace falta describir su olor embriagador, la pasión que alguna vez sentí, fomentada a este punto, la fuerza de tirarme sobre el, se transformo todo eso en una congoja dentro mío.
Finalmente como era de esperar hundí mis colmillos en su cuello y un pequeño gemido surgió de sus labios. No obstante comenzaron a acelerarse sus latidos contra mi pecho, eso también me llevo a un sueño pasado, y recordé su primer abrazo, y esa noche mágica q nos besamos por primera vez, todo en ese mismo lugar. Sus latidos me obsesionaban, eran como una bomba que retumbaban en mi interior, cada vez mas fuerte, y un mar de recuerdos que ya quedaban grabados en mi memoria se revolvían en ese período, como el cielo antes del Apocalipsis.
Esos latidos tan deseables empezaron a disminuir, y tuve que alejarme, fue un gran reto, me costo demasiado. Jamás había sentido cosa semejante al beber de alguien. Era diferente y eso me causaba cierta aflicción, (ya que lo amaba).
El estaba por perder el conocimiento, apenas pudo entreabrir sus ojos para observarme lejanamente. Una parte mía, no podía soportarlo. Rasgue la piel de mi muñeca con mis colmillos hasta encontrar una vena, la cual rápidamente explotó y manó una increíble cantidad de ponzoña la cual todos llaman mi sangre. No tuve más opción que ofrecérsela, luego pensé si me podía haber negado después de haber llegado hasta ese punto.
Pero incluso en ese momento, donde el bebía de el y perdía fuerzas, le regalaba la inmortalidad como condena, en verdad no puedo explicar esa sensación. Se aferraba más hacia mí, haciendo interminable ese momento. Ni en mi vida mortal había gozado ese placer, era algo más que físico, lo superaba todo
-Marco…- susurré, pero no pareció ni escucharlo, al contrario se aferraba cada vez más y más. Con las pocas fuerzas que me quedaban logre apartarlo de mi. Quedé demasiado débil, sedienta. Casi pierdo el conocimiento. Se asemejó a una utopía, pero sanguinaria, infausta.
Fue demasiado doloroso ver la muerte de Marco, se me nublaron los ojos de lágrimas de sangre. Intente mirar el alrededor, los pósters pegados en las paredes, en el ropero, las guitarras, las repisas con adornos tratando de encontrar a Franky, pero no podía pensar en otra cosa que no sea en su muerte.
Su semblante empalideció en pocos segundos, crecieron aquellos colmillos, gemía de dolor en el piso mientras yo lo observaba desde mi lugar, sentada contra la ventana, en su cama y aferrada a mis rodillas. Intentaba recuperar fuerzas.
Sus ojos cambiaron, que hermosa mirada surgió del rostro de Marco. Rápidamente luego de la transformación se puso de pie, me tomó de la mano y me dijo con perspicacia que ya podíamos irnos. Dude en su tono. Sabia que tarde o temprano me volvería a dejar, pero no me importaba, éramos inmortales, y tenía tiempo para pensar. Siempre seriamos jóvenes adolescentes.
Me llevo hacia la ventana, con un solo movimiento (levantándome de la cintura) y saltamos desde el techo. Había luna llena, como en los viejos tiempos. Comenzamos a alejarnos, hasta que solo éramos parte de la misma noche. Esa noche que mas tarde pintaríamos de escarlata.
No me arrepiento de nada, porque yo sabía muy bien que me iba a volver a dejar
B.R
Enero/2008
Enero/2008

CUATRO JINETES, DIEZ CERVEZAS Y UN UNICORNIO MUERTO
Por Frank The Bunny
Destapé la décima cerveza, le di un trago largo y caminé sin tambalearme hasta la ventana. La luz de la calle seguía parpadeando, las sirenas sonaban a lo lejos, por momentos un resplandor, extraño, rojizo, brillaba en el cielo, autos abandonados, un camión verde en la esquina con cinco tipos con armas y mascaras raras, la vecina gorda muerta en mitad de la calle después de haber saltado de la terraza, su perro aullando al lado, el tipo del quiosco de enfrente asomado como yo a la ventana…
Suspiré. Estaba aburrido… Cansado… Todo el asunto del Fin del Mundo me había hinchado las pelotas. Demasiado escándalo. Encima esa era mi última cerveza… Cuando la terminara ya no habría más y no iba a poder salir a comprar otra…
El del quiosco, con los ojos muy abiertos, me señaló a los del camión verde. Lo ignoré y cerré las cortinas. Hacia ya un par de días que venía jodiendo con rebelarse a los militares o lo que carajo fueran…
-Que se curtan todos- pensé y me dirigí al sillón. La tele estaba muerta y tenía aun el souvenir de nuestra última pelea. La pata de una silla estaba incrustada en la pantalla.
La luz se iba y venia, por eso tenia velas por todos lados… Cuando se armó el caos fui uno de los primeros en llegar al supermercado: tengo el don de presentir cuando la gente se va a volver idiota… me gasté lo que me restaba del sueldo en cervezas y velas… Después me entere que todos saquearon el lugar… No es que me molestara gastar mis 70 pesos… Pero podría haber tenido mas bebida…
Trate de relajarme… No pude.
La sirena seguía sonando a lo lejos. Insoportable.
Me acordé que tenía pilas guardadas. Las busque y se las puse al equipo de música. La radio hablaba de nuevas explosiones y muertes en… La saqué, puse mi cd preferido y subí el volumen… Jim Morrison grito por los parlantes. Brinde, en soledad, por eso.
Entonces apareció ella.
Golpeó suave y es raro pero la escuché…
Agarré una de las botellas vacías y la golpeé con fuerza contra el borde de la mesa. Caminé hasta la puerta decidido a enfrentarme al que me viniera a decir que bajara el volumen….
-Que se curtan todos…
Abrí y la ví. Tenía el pelo largo y morocho, era pálida, tetas grandes, labios rojos y ojos inquietos. Tenía una bata como la que usan los enfermos en los hospitales pero más corta, no tenia corpiño y llevaba en la mano una mochila de motivo infantil, con el dibujo de un conejo.
-Yo podría salvarlos a todos- dijo muy segura de si misma.
Tenía zapatillas de lona gastadas, desatadas y medias a rayas blancas y negras que le subían hasta un poco por encima de las rodillas.
-Además tengo esto…- siguió. Abrió la mochila y me mostró el interior. Había licores, una botella de whisky y muchas latas de cerveza.
Intercambiamos sonrisas y entró.
No le pregunte como es que los del camión de la esquina la dejaron pasar. Destapo el whisky. Yo agarre una de las latas.
Estaban frías y el calor era sofocante.
Lo primero que hizo fue bailar. Se subió al sillón y empezó a moverse al ritmo de los Doors con una gracia particular.
No probó una gota del whisky, sino que para mi sorpresa se vació media botella encima. La bata se le pegó al cuerpo.
Me hizo señas y me acerqué… Bailé con ella y por primera vez no me sentí torpe.
Me tomó con suavidad de la mano y sentí mucha intimidad en ese acto… Ella se rió con timidez y volcó lo que quedaba de la botella sobre mí… Sentí calor. Mucho. Me tome la lata de cerveza de un trago.
Se acercó y susurró en mi oído:
-Soy un conejo… Los conejos vamos a sobrevivir al Apocalipsis… Los conejos somos inmunes al fuego… El mundo quedara habitado solo por conejos… Va a ser divertido…
Era lo más coherente que había escuchado en meses.
-¿Sabés por que empezó todo esto?
Negué con la cabeza mientras empezaba a acariciarla.
-Un tachero atropello a un Unicornio en la 9 de Julio… Después de eso bajaron los cuatro jinetes…
Con lentitud se recostó en el sillón y me arrastró con ella.
-Tacheros de mierda- dije solo por decir algo, mientras ella empezaba a frotarse contra mi- Son todos unas psicópatas…
Ella me miro fijo a los ojos y largo una carcajada suave.
-Tacheros de mierda…- repitió y empezó a acariciarme- Yo podría salvarlos a todos… Conozco el secreto…
La besé a través de la bata, el whisky me lastimaba los labios.
-¿Por qué no te importa?
Mientras lo decía me volvió a morder, me clavó las uñas. Sangré.
Acaricié sus piernas hasta llegar a los muslos. Nos besamos con pasión.
-¿Por qué no estás salvándolos si es que podés?- susurré a su oído, sonriendo.
Ella me miró casi indignada. Se mordió el labio inferior con fuerza, con deseo. Pronto su sangre se mezcló con la mía. Sin sacarse la bata se sacó la ropa interior, con furia, enojada por mis palabras, desafiante.
La música parecía aumentar de volumen.
Sentí su humedad, ardiente.
Comenzó a cabalgarme sin despegar sus ojos de los míos. Con fuerza, gimiendo.
-Te escapaste del hospital neuro-psiquiátrico que hay a dos cuadras- le dije mientras mi cuerpo era invadido por pequeños temblores…
Ella aumento el ritmo.
-Y vos aún pensás en la última chica que te dejó… Te destruyó…
La recorrí con mis manos, extasiado, perdiendo consciencia y siendo consciente de todo.
Ella se estiró hasta agarrar una de las velas encendidas. La acerco a mi, mientras ambos reíamos.
Las llamas cobraron vida al instante. Para el acto final ella se pegó a mi cuerpo y volvió a acelerarse.
Ambos gritamos.
En los últimos instantes, por encima de la música, pude escuchar disparos y a mi vecino gritar algo acerca de la libertad. Puede ver como ella se separaba de mí, victoriosa: las llamas no habían saltado a su cuerpo.
Los dos susurramos algo al unísono.
-Que se curtan todos…
Cerré los ojos. Ví un lugar lleno de conejos que saltaban de un lado a otro.
Fue lo último que ví.
Y fue tan aterrador como hermoso.
Por Frank The Bunny
Destapé la décima cerveza, le di un trago largo y caminé sin tambalearme hasta la ventana. La luz de la calle seguía parpadeando, las sirenas sonaban a lo lejos, por momentos un resplandor, extraño, rojizo, brillaba en el cielo, autos abandonados, un camión verde en la esquina con cinco tipos con armas y mascaras raras, la vecina gorda muerta en mitad de la calle después de haber saltado de la terraza, su perro aullando al lado, el tipo del quiosco de enfrente asomado como yo a la ventana…
Suspiré. Estaba aburrido… Cansado… Todo el asunto del Fin del Mundo me había hinchado las pelotas. Demasiado escándalo. Encima esa era mi última cerveza… Cuando la terminara ya no habría más y no iba a poder salir a comprar otra…
El del quiosco, con los ojos muy abiertos, me señaló a los del camión verde. Lo ignoré y cerré las cortinas. Hacia ya un par de días que venía jodiendo con rebelarse a los militares o lo que carajo fueran…
-Que se curtan todos- pensé y me dirigí al sillón. La tele estaba muerta y tenía aun el souvenir de nuestra última pelea. La pata de una silla estaba incrustada en la pantalla.
La luz se iba y venia, por eso tenia velas por todos lados… Cuando se armó el caos fui uno de los primeros en llegar al supermercado: tengo el don de presentir cuando la gente se va a volver idiota… me gasté lo que me restaba del sueldo en cervezas y velas… Después me entere que todos saquearon el lugar… No es que me molestara gastar mis 70 pesos… Pero podría haber tenido mas bebida…
Trate de relajarme… No pude.
La sirena seguía sonando a lo lejos. Insoportable.
Me acordé que tenía pilas guardadas. Las busque y se las puse al equipo de música. La radio hablaba de nuevas explosiones y muertes en… La saqué, puse mi cd preferido y subí el volumen… Jim Morrison grito por los parlantes. Brinde, en soledad, por eso.
Entonces apareció ella.
Golpeó suave y es raro pero la escuché…
Agarré una de las botellas vacías y la golpeé con fuerza contra el borde de la mesa. Caminé hasta la puerta decidido a enfrentarme al que me viniera a decir que bajara el volumen….
-Que se curtan todos…
Abrí y la ví. Tenía el pelo largo y morocho, era pálida, tetas grandes, labios rojos y ojos inquietos. Tenía una bata como la que usan los enfermos en los hospitales pero más corta, no tenia corpiño y llevaba en la mano una mochila de motivo infantil, con el dibujo de un conejo.
-Yo podría salvarlos a todos- dijo muy segura de si misma.
Tenía zapatillas de lona gastadas, desatadas y medias a rayas blancas y negras que le subían hasta un poco por encima de las rodillas.
-Además tengo esto…- siguió. Abrió la mochila y me mostró el interior. Había licores, una botella de whisky y muchas latas de cerveza.
Intercambiamos sonrisas y entró.
No le pregunte como es que los del camión de la esquina la dejaron pasar. Destapo el whisky. Yo agarre una de las latas.
Estaban frías y el calor era sofocante.
Lo primero que hizo fue bailar. Se subió al sillón y empezó a moverse al ritmo de los Doors con una gracia particular.
No probó una gota del whisky, sino que para mi sorpresa se vació media botella encima. La bata se le pegó al cuerpo.
Me hizo señas y me acerqué… Bailé con ella y por primera vez no me sentí torpe.
Me tomó con suavidad de la mano y sentí mucha intimidad en ese acto… Ella se rió con timidez y volcó lo que quedaba de la botella sobre mí… Sentí calor. Mucho. Me tome la lata de cerveza de un trago.
Se acercó y susurró en mi oído:
-Soy un conejo… Los conejos vamos a sobrevivir al Apocalipsis… Los conejos somos inmunes al fuego… El mundo quedara habitado solo por conejos… Va a ser divertido…
Era lo más coherente que había escuchado en meses.
-¿Sabés por que empezó todo esto?
Negué con la cabeza mientras empezaba a acariciarla.
-Un tachero atropello a un Unicornio en la 9 de Julio… Después de eso bajaron los cuatro jinetes…
Con lentitud se recostó en el sillón y me arrastró con ella.
-Tacheros de mierda- dije solo por decir algo, mientras ella empezaba a frotarse contra mi- Son todos unas psicópatas…
Ella me miro fijo a los ojos y largo una carcajada suave.
-Tacheros de mierda…- repitió y empezó a acariciarme- Yo podría salvarlos a todos… Conozco el secreto…
La besé a través de la bata, el whisky me lastimaba los labios.
-¿Por qué no te importa?
Mientras lo decía me volvió a morder, me clavó las uñas. Sangré.
Acaricié sus piernas hasta llegar a los muslos. Nos besamos con pasión.
-¿Por qué no estás salvándolos si es que podés?- susurré a su oído, sonriendo.
Ella me miró casi indignada. Se mordió el labio inferior con fuerza, con deseo. Pronto su sangre se mezcló con la mía. Sin sacarse la bata se sacó la ropa interior, con furia, enojada por mis palabras, desafiante.
La música parecía aumentar de volumen.
Sentí su humedad, ardiente.
Comenzó a cabalgarme sin despegar sus ojos de los míos. Con fuerza, gimiendo.
-Te escapaste del hospital neuro-psiquiátrico que hay a dos cuadras- le dije mientras mi cuerpo era invadido por pequeños temblores…
Ella aumento el ritmo.
-Y vos aún pensás en la última chica que te dejó… Te destruyó…
La recorrí con mis manos, extasiado, perdiendo consciencia y siendo consciente de todo.
Ella se estiró hasta agarrar una de las velas encendidas. La acerco a mi, mientras ambos reíamos.
Las llamas cobraron vida al instante. Para el acto final ella se pegó a mi cuerpo y volvió a acelerarse.
Ambos gritamos.
En los últimos instantes, por encima de la música, pude escuchar disparos y a mi vecino gritar algo acerca de la libertad. Puede ver como ella se separaba de mí, victoriosa: las llamas no habían saltado a su cuerpo.
Los dos susurramos algo al unísono.
-Que se curtan todos…
Cerré los ojos. Ví un lugar lleno de conejos que saltaban de un lado a otro.
Fue lo último que ví.
Y fue tan aterrador como hermoso.
De: Bunny Zombie
"el reflejo de las almas que no pueden depender por si solas"

Malditas sombras. ¡Malditas! ¿Por qué cuando las veo se van tan rápido?, nunca pude verlas completas, solo huyen.
¿Pero que cambiaria si alguien las viera? Después de todo solo es una persona, ¿y quien le creería? Solo juegan con la gente, quieren desquiciarlos y lo logran.
Los sonidos, los movimientos hacen que se distraigan, pero no van a esperar cuando ya tienen la atención que querían.
Escribo pero observo a mi alrededor constantemente, no miro lo que escribo, pero de alguna forma lo se.
Mi perra mirándome fijamente como si atrás mío estuviese lo que busco, pero presiento que es inútil voltearse. El gato sobre el techo vecino observándome desde lejos. Y las aves regresando a su nido antes de que el sol se duerma y las venza la noche.
Ojos, muchos ojos observándome, ruidos desesperantes tratando de volverme loca. No pueden conseguirlo, pero debo confesar que se esmeran muy bien.
Sombras, mas sombras, me cansaron ¿Por qué nunca pueden…
¿Pero que cambiaria si alguien las viera? Después de todo solo es una persona, ¿y quien le creería? Solo juegan con la gente, quieren desquiciarlos y lo logran.
Los sonidos, los movimientos hacen que se distraigan, pero no van a esperar cuando ya tienen la atención que querían.
Escribo pero observo a mi alrededor constantemente, no miro lo que escribo, pero de alguna forma lo se.
Mi perra mirándome fijamente como si atrás mío estuviese lo que busco, pero presiento que es inútil voltearse. El gato sobre el techo vecino observándome desde lejos. Y las aves regresando a su nido antes de que el sol se duerma y las venza la noche.
Ojos, muchos ojos observándome, ruidos desesperantes tratando de volverme loca. No pueden conseguirlo, pero debo confesar que se esmeran muy bien.
Sombras, mas sombras, me cansaron ¿Por qué nunca pueden…
B.R
indignacion a la soledad

Mi imagen se desvaneció entre la niebla, me fui alejando, corriendo (aislada) entre los árboles. Con cada paso un pié se hundía en la arena húmeda, haciéndolo pesar mucho mas. Y cada latido de mi corazón marcaba un ritmo en el silencio del bosque.
Mi respiración se aceleraba con vehemencia, me recordaba que pronto tendría que detenerme. ¿Cuánto había corrido? No lo sabía. ¿A que le escapaba? Quizás a mi misma.¿A donde iba? Creo que en círculos.
Llego el momento en que tuve que detenerme, y me encontré en una laguna, rodeada de piedras. Me senté en una de ellas deseando no encontrarme. Y tratando de disminuir la respiración, cosa que me resulto muy difícil. La tempestad me rodeaba, no sabia si estaba por amanecer, o ya se venia la noche, mis ojos ya no los manejaba.
Solo sentí que estaba detrás mío, ya había enloquecido, era inútil correr, pero no podía darme vuelta y enfrentarme a mi otra vez. Sentía su mirada en la nuca. Me invadió un escalofrío, y su maldad se esparcía en el aire. No obstante una ráfaga de viento me corto cruelmente algún alivio que podía llegar a sentir. Entonces pensando que no era yo la que manejaba mi cuerpo caí en el agua.
Al despertarme recuerdo verme tirada a orillas de la laguna y a los pies de la piedra que hable anteriormente. Me había sacado ella, estaba segura. Quise alejarme del bosque, pero realmente caminaba en círculos, siempre terminaba en aquella laguna.
Ya era de noche, empecé a comprender un montón de cosas. Agotada y llena de obstinaciones me recosté en el pasto, sin pensar en nada mas.
Sentí que volaba, de repente comencé a elevarme y vi cosas que en mi vida había visto. Por un momento hasta llegue a verme a mi misma en el pasto. Como si me mirara desde algún sitio. Tenía los ojos notablemente perdidos, y una increíble palidez, que llegue a pensar que había muerto, entonces yo era el fantasma que miraba mi cuerpo. Pero era imposible.
Tras un momento, donde todo pareció congelarse. Sentí que las cosas se revertían. Comencé a bajar a una asombrosa velocidad, donde creí penetrarme en la tierra, y entonces volví a subir, para luego volver a decender. Lo abre hecho unas ocho veces, hasta que sentí como si fuese una extraña fuerza (una vez mas) se hubiese apoderado de mi cuerpo, me inclino de modo que quede sentada entre la piedra y la laguna. Lo cual hizo que al asomarme me viera reflejada en el agua.
Hata el momento que me di cuenta de que no era yo, es extraño, porque yo sonreí y la del agua lloro.
No se porque lloraba. Si al fin y al cabo pudo escaparse. Se me quedo mirando sombríamente. Y me resigne. Tanto que corrí, para solo darme cuenta de que yo era ella, o quizás ella era yo…
B.R
Mi respiración se aceleraba con vehemencia, me recordaba que pronto tendría que detenerme. ¿Cuánto había corrido? No lo sabía. ¿A que le escapaba? Quizás a mi misma.¿A donde iba? Creo que en círculos.
Llego el momento en que tuve que detenerme, y me encontré en una laguna, rodeada de piedras. Me senté en una de ellas deseando no encontrarme. Y tratando de disminuir la respiración, cosa que me resulto muy difícil. La tempestad me rodeaba, no sabia si estaba por amanecer, o ya se venia la noche, mis ojos ya no los manejaba.
Solo sentí que estaba detrás mío, ya había enloquecido, era inútil correr, pero no podía darme vuelta y enfrentarme a mi otra vez. Sentía su mirada en la nuca. Me invadió un escalofrío, y su maldad se esparcía en el aire. No obstante una ráfaga de viento me corto cruelmente algún alivio que podía llegar a sentir. Entonces pensando que no era yo la que manejaba mi cuerpo caí en el agua.
Al despertarme recuerdo verme tirada a orillas de la laguna y a los pies de la piedra que hable anteriormente. Me había sacado ella, estaba segura. Quise alejarme del bosque, pero realmente caminaba en círculos, siempre terminaba en aquella laguna.
Ya era de noche, empecé a comprender un montón de cosas. Agotada y llena de obstinaciones me recosté en el pasto, sin pensar en nada mas.
Sentí que volaba, de repente comencé a elevarme y vi cosas que en mi vida había visto. Por un momento hasta llegue a verme a mi misma en el pasto. Como si me mirara desde algún sitio. Tenía los ojos notablemente perdidos, y una increíble palidez, que llegue a pensar que había muerto, entonces yo era el fantasma que miraba mi cuerpo. Pero era imposible.
Tras un momento, donde todo pareció congelarse. Sentí que las cosas se revertían. Comencé a bajar a una asombrosa velocidad, donde creí penetrarme en la tierra, y entonces volví a subir, para luego volver a decender. Lo abre hecho unas ocho veces, hasta que sentí como si fuese una extraña fuerza (una vez mas) se hubiese apoderado de mi cuerpo, me inclino de modo que quede sentada entre la piedra y la laguna. Lo cual hizo que al asomarme me viera reflejada en el agua.
Hata el momento que me di cuenta de que no era yo, es extraño, porque yo sonreí y la del agua lloro.
No se porque lloraba. Si al fin y al cabo pudo escaparse. Se me quedo mirando sombríamente. Y me resigne. Tanto que corrí, para solo darme cuenta de que yo era ella, o quizás ella era yo…
B.R

La nena buscaba desesperadamente a su conejo, este se había escapado y la pobre chica no tenía con quien jugar. Se fue a buscarlo a su jardín, pero se perdió. No tenía idea del mundo gigante que se encontraba fuera de su casa. Solo buscaba al conejo, inquieta, casi desesperada, con lágrimas en sus grandes ojos que resaltaban de su pequeña cara. Su vestido escarlata tenía grandes manchas, debido a la tierra, el barro, el pasto, todo lo que dejo atrás, pero aún así, combinaba tiernamente con su tez increíblemente pálida, y con su cabello rojizo. Una belleza deslumbraba de ella, dando el mayor símbolo de pureza de su edad.
Su rostro expresivo demostraba su inocencia, y su dolor…
Sin saberlo llego a la casa del vecino, y al adentrarse en el jardín de al lado, encontró un montón de mascotas. Se puso muy contenta porque ahora si tenia con quien jugar, pero a la vez, la nena no era tan chica y lograba distinguir los caprichos de los sentimientos. En verdad amaba al conejo…
Las largas horas jugando con los demás asombrosos animales, no la hicieron feliz. Solamente se pudo reír con un gato, que captó su increíble atención. El gato hacia mucho tiempo que quería jugar con la nena, y que se asomaba del jardín en busca de ella, pero no se animaba, porque siempre estaba con el conejo…
La nena llego a la casa del vecino, (siempre sin saber donde estaba) encantada en su bosque. Abrió la puerta que ya estaba entornada, y lo primero que vio fue un gran espejo enfrente de ella. Pero el pánico se apodero de su hermoso rostro, ya que vio reflejado en ese espejo a su conejo. Corrió como corre un niño con miedo, pero con el deseo y el temor del que se teme por alguien que ama con todas sus fuerzas. El gato solo la miró sin hacer nada, entonces ella se abalanzó sobre el cristal, destruyéndolo, y transformándolo en mil pedazos.
Era como volver de un sueño, al que al despertar se destruye la ilusión de lo hermosa que ha vivido, ya que solo fue un sueño.
La última imagen fue el conejo congelándose…
La nena lloraba, rodeada de sangre, junto al gato. Y este estaba perplejo, como un niño frente a un asesinato.
El vecino llego corriendo ante el estruendo y llamo rápidamente a la mamá de la nena.
Paso un año, y la nena nunca olvido al conejo, pero ahora cada vez que regresaba al jardín, se iba al del vecino a buscar al gato. Pero el gato era arisco, a pesar de que por dentro quería estar con ella, deseaba jugar, su doble cara la ignoraba, y se iba, pasándole por al lado.
Entonces uno de esos días. La nena siguió al gato, y, al entrar en la casa volvió a ver otro espejo enfrentándola con el reflejo de su conejo, aún congelado.
Fue ahí cuando nuevamente salto sobre el espejo. Los cristales volvieron a romperse, pero esta vez sobre la dulce cara de la nena.
Otros se clavaron en su sutil cuello, pero ya no reaccionaba para ese entonces.
Por fin la nena y el conejo volvieron a estar juntos, y a jugar para siempre…
Pero el viejo gato, arrepentido, y dolorosamente enamorado de la nena no pudo estar en paz. Pudo haber cambiado algo de la historia… Incluso haber aprovechado la ausencia del conejo.
Al poco tiempo, cuando el gato estaba en el jardín, solo, lamentándose, la puerta de su amo se abrió, fue corriendo, y apenas vio el espejo huyó temeroso ante la imagen reflejada…
Su rostro expresivo demostraba su inocencia, y su dolor…
Sin saberlo llego a la casa del vecino, y al adentrarse en el jardín de al lado, encontró un montón de mascotas. Se puso muy contenta porque ahora si tenia con quien jugar, pero a la vez, la nena no era tan chica y lograba distinguir los caprichos de los sentimientos. En verdad amaba al conejo…
Las largas horas jugando con los demás asombrosos animales, no la hicieron feliz. Solamente se pudo reír con un gato, que captó su increíble atención. El gato hacia mucho tiempo que quería jugar con la nena, y que se asomaba del jardín en busca de ella, pero no se animaba, porque siempre estaba con el conejo…
La nena llego a la casa del vecino, (siempre sin saber donde estaba) encantada en su bosque. Abrió la puerta que ya estaba entornada, y lo primero que vio fue un gran espejo enfrente de ella. Pero el pánico se apodero de su hermoso rostro, ya que vio reflejado en ese espejo a su conejo. Corrió como corre un niño con miedo, pero con el deseo y el temor del que se teme por alguien que ama con todas sus fuerzas. El gato solo la miró sin hacer nada, entonces ella se abalanzó sobre el cristal, destruyéndolo, y transformándolo en mil pedazos.
Era como volver de un sueño, al que al despertar se destruye la ilusión de lo hermosa que ha vivido, ya que solo fue un sueño.
La última imagen fue el conejo congelándose…
La nena lloraba, rodeada de sangre, junto al gato. Y este estaba perplejo, como un niño frente a un asesinato.
El vecino llego corriendo ante el estruendo y llamo rápidamente a la mamá de la nena.
Paso un año, y la nena nunca olvido al conejo, pero ahora cada vez que regresaba al jardín, se iba al del vecino a buscar al gato. Pero el gato era arisco, a pesar de que por dentro quería estar con ella, deseaba jugar, su doble cara la ignoraba, y se iba, pasándole por al lado.
Entonces uno de esos días. La nena siguió al gato, y, al entrar en la casa volvió a ver otro espejo enfrentándola con el reflejo de su conejo, aún congelado.
Fue ahí cuando nuevamente salto sobre el espejo. Los cristales volvieron a romperse, pero esta vez sobre la dulce cara de la nena.
Otros se clavaron en su sutil cuello, pero ya no reaccionaba para ese entonces.
Por fin la nena y el conejo volvieron a estar juntos, y a jugar para siempre…
Pero el viejo gato, arrepentido, y dolorosamente enamorado de la nena no pudo estar en paz. Pudo haber cambiado algo de la historia… Incluso haber aprovechado la ausencia del conejo.
Al poco tiempo, cuando el gato estaba en el jardín, solo, lamentándose, la puerta de su amo se abrió, fue corriendo, y apenas vio el espejo huyó temeroso ante la imagen reflejada…
Tus ojos muestran la desgracia
Detrás de esa imagen perfecta
Solo hay odios y resentimientos
Ni la misma luna percibió tu maldad
Tu sonrisa encantadora manipula las almas
Como una dulce muñequita gótica de porcelana
Pálida, lúcida y obsesiva
Eres el demonio
Eres la desgracia
Este mundo está manchado
Por un ángel como vos
Tus alas negras petrificantes…
Tus ojos rojos de envidia…
Que drenan la sangre…
¡Devuelve el vampiro honrado!
Días solitarios quedaran de tu vida,
Nadie te quiere
Nadie te querrá…
No serán tan estúpidos como yo.
No sabemos si viviste, si has muerto
Deja de manipular cuerpos
Ya nadie te cree…
Hay una batalla en la tierra,
Los ángeles negros despertaron…
Ese fuego… esas plumas negras…
Es el comienzo del gran final…
Que definirá el rey de infierno…
En la misma obscuridad de la noche.
Los enviados de Lucy contra nosotros,
(Los hijos de las tinieblas)…
B.R
Nov. / 05
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