Fragmento de INMORTALIDAD


Repito una vez mas, esto solo son crónicas. De lo que me paso hace mucho tiempo, no esperen poesía, en la vida no la van a encontrar, la crea uno mismo a lo largo de su camino. También es predecible, la vida lo es, como muchas personas, y resulta obvio lo que pasara.

El día que reencontré a Marco

Aquella noche entre por la ventana de su habitación, el estaba leyendo un cómics como de costumbre. Hacia unos meses que yo había desaparecido (casi cuatro para ser mas exacta, aun llevaba la cuenta) No pareció sorprenderse cuando me vio, es como si me hubiese estado esperando, por lo cual presentía que el tendría noción de todo lo que ocurriría mientras dormía el sol.
Me senté a los pies de la cama como tantas veces hice estúpidamente anonadada.
-hola- murmuró, no le respondí – estas muy diferente- añadió. Estiró su mano y me toco el rostro, y siguió, -estas helada y muy pálida, tus ojos cambiaron y…-
Lo interrumpí con una mirada seca, típica de mi, solo pude decirle:- ¿para que hablas si ya lo sabes todo?…- fue agresivo, me dijo: -ya se- luego sonrió.
Se levanto de la cama, y se puso una camisa negra que se encontraba en una silla muy próxima, sobre su remera de Batman (la cual siempre me cuso gracia a mis adentros). Entonces volvió en dirección mía, y se arrodillo enfrente. A continuación me tomo de las manos haciéndome recordar un sueño pasado, solo me dijo: - te extrañe- y me abrazo, corrió su cabeza de tal forma que su cuello quedo descubierto ante mi boca. No era muy alto, pero yo tampoco lo era, siempre bromeábamos con eso. Pero en ese momento y en esa circunstancia ya no hizo falta pensar en nada más.
Es que sabía tanto como yo lo que iba a pasar. Era una promesa que tiempo atrás hicimos sin esperar que llegara algún día esa ensoñación.
Me abrazo con más fuerza, y por más que me hubiese resistido no podría haberlo hecho. No hace falta describir su olor embriagador, la pasión que alguna vez sentí, fomentada a este punto, la fuerza de tirarme sobre el, se transformo todo eso en una congoja dentro mío.
Finalmente como era de esperar hundí mis colmillos en su cuello y un pequeño gemido surgió de sus labios. No obstante comenzaron a acelerarse sus latidos contra mi pecho, eso también me llevo a un sueño pasado, y recordé su primer abrazo, y esa noche mágica q nos besamos por primera vez, todo en ese mismo lugar. Sus latidos me obsesionaban, eran como una bomba que retumbaban en mi interior, cada vez mas fuerte, y un mar de recuerdos que ya quedaban grabados en mi memoria se revolvían en ese período, como el cielo antes del Apocalipsis.
Esos latidos tan deseables empezaron a disminuir, y tuve que alejarme, fue un gran reto, me costo demasiado. Jamás había sentido cosa semejante al beber de alguien. Era diferente y eso me causaba cierta aflicción, (ya que lo amaba).
El estaba por perder el conocimiento, apenas pudo entreabrir sus ojos para observarme lejanamente. Una parte mía, no podía soportarlo. Rasgue la piel de mi muñeca con mis colmillos hasta encontrar una vena, la cual rápidamente explotó y manó una increíble cantidad de ponzoña la cual todos llaman mi sangre. No tuve más opción que ofrecérsela, luego pensé si me podía haber negado después de haber llegado hasta ese punto.
Pero incluso en ese momento, donde el bebía de el y perdía fuerzas, le regalaba la inmortalidad como condena, en verdad no puedo explicar esa sensación. Se aferraba más hacia mí, haciendo interminable ese momento. Ni en mi vida mortal había gozado ese placer, era algo más que físico, lo superaba todo
-Marco…- susurré, pero no pareció ni escucharlo, al contrario se aferraba cada vez más y más. Con las pocas fuerzas que me quedaban logre apartarlo de mi. Quedé demasiado débil, sedienta. Casi pierdo el conocimiento. Se asemejó a una utopía, pero sanguinaria, infausta.
Fue demasiado doloroso ver la muerte de Marco, se me nublaron los ojos de lágrimas de sangre. Intente mirar el alrededor, los pósters pegados en las paredes, en el ropero, las guitarras, las repisas con adornos tratando de encontrar a Franky, pero no podía pensar en otra cosa que no sea en su muerte.
Su semblante empalideció en pocos segundos, crecieron aquellos colmillos, gemía de dolor en el piso mientras yo lo observaba desde mi lugar, sentada contra la ventana, en su cama y aferrada a mis rodillas. Intentaba recuperar fuerzas.
Sus ojos cambiaron, que hermosa mirada surgió del rostro de Marco. Rápidamente luego de la transformación se puso de pie, me tomó de la mano y me dijo con perspicacia que ya podíamos irnos. Dude en su tono. Sabia que tarde o temprano me volvería a dejar, pero no me importaba, éramos inmortales, y tenía tiempo para pensar. Siempre seriamos jóvenes adolescentes.
Me llevo hacia la ventana, con un solo movimiento (levantándome de la cintura) y saltamos desde el techo. Había luna llena, como en los viejos tiempos. Comenzamos a alejarnos, hasta que solo éramos parte de la misma noche. Esa noche que mas tarde pintaríamos de escarlata.

No me arrepiento de nada, porque yo sabía muy bien que me iba a volver a dejar
B.R
Enero/2008

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"Ya sabe ud. que nosotros, pobres artistas, tenemos que dejarnos ver en sociedad de cuando en cuando, lo suficiente como para recordar que no somos unos salvajes". (Oscar Wilde, El retrato de Dorian Gray)