
La nena buscaba desesperadamente a su conejo, este se había escapado y la pobre chica no tenía con quien jugar. Se fue a buscarlo a su jardín, pero se perdió. No tenía idea del mundo gigante que se encontraba fuera de su casa. Solo buscaba al conejo, inquieta, casi desesperada, con lágrimas en sus grandes ojos que resaltaban de su pequeña cara. Su vestido escarlata tenía grandes manchas, debido a la tierra, el barro, el pasto, todo lo que dejo atrás, pero aún así, combinaba tiernamente con su tez increíblemente pálida, y con su cabello rojizo. Una belleza deslumbraba de ella, dando el mayor símbolo de pureza de su edad.
Su rostro expresivo demostraba su inocencia, y su dolor…
Sin saberlo llego a la casa del vecino, y al adentrarse en el jardín de al lado, encontró un montón de mascotas. Se puso muy contenta porque ahora si tenia con quien jugar, pero a la vez, la nena no era tan chica y lograba distinguir los caprichos de los sentimientos. En verdad amaba al conejo…
Las largas horas jugando con los demás asombrosos animales, no la hicieron feliz. Solamente se pudo reír con un gato, que captó su increíble atención. El gato hacia mucho tiempo que quería jugar con la nena, y que se asomaba del jardín en busca de ella, pero no se animaba, porque siempre estaba con el conejo…
La nena llego a la casa del vecino, (siempre sin saber donde estaba) encantada en su bosque. Abrió la puerta que ya estaba entornada, y lo primero que vio fue un gran espejo enfrente de ella. Pero el pánico se apodero de su hermoso rostro, ya que vio reflejado en ese espejo a su conejo. Corrió como corre un niño con miedo, pero con el deseo y el temor del que se teme por alguien que ama con todas sus fuerzas. El gato solo la miró sin hacer nada, entonces ella se abalanzó sobre el cristal, destruyéndolo, y transformándolo en mil pedazos.
Era como volver de un sueño, al que al despertar se destruye la ilusión de lo hermosa que ha vivido, ya que solo fue un sueño.
La última imagen fue el conejo congelándose…
La nena lloraba, rodeada de sangre, junto al gato. Y este estaba perplejo, como un niño frente a un asesinato.
El vecino llego corriendo ante el estruendo y llamo rápidamente a la mamá de la nena.
Paso un año, y la nena nunca olvido al conejo, pero ahora cada vez que regresaba al jardín, se iba al del vecino a buscar al gato. Pero el gato era arisco, a pesar de que por dentro quería estar con ella, deseaba jugar, su doble cara la ignoraba, y se iba, pasándole por al lado.
Entonces uno de esos días. La nena siguió al gato, y, al entrar en la casa volvió a ver otro espejo enfrentándola con el reflejo de su conejo, aún congelado.
Fue ahí cuando nuevamente salto sobre el espejo. Los cristales volvieron a romperse, pero esta vez sobre la dulce cara de la nena.
Otros se clavaron en su sutil cuello, pero ya no reaccionaba para ese entonces.
Por fin la nena y el conejo volvieron a estar juntos, y a jugar para siempre…
Pero el viejo gato, arrepentido, y dolorosamente enamorado de la nena no pudo estar en paz. Pudo haber cambiado algo de la historia… Incluso haber aprovechado la ausencia del conejo.
Al poco tiempo, cuando el gato estaba en el jardín, solo, lamentándose, la puerta de su amo se abrió, fue corriendo, y apenas vio el espejo huyó temeroso ante la imagen reflejada…
Su rostro expresivo demostraba su inocencia, y su dolor…
Sin saberlo llego a la casa del vecino, y al adentrarse en el jardín de al lado, encontró un montón de mascotas. Se puso muy contenta porque ahora si tenia con quien jugar, pero a la vez, la nena no era tan chica y lograba distinguir los caprichos de los sentimientos. En verdad amaba al conejo…
Las largas horas jugando con los demás asombrosos animales, no la hicieron feliz. Solamente se pudo reír con un gato, que captó su increíble atención. El gato hacia mucho tiempo que quería jugar con la nena, y que se asomaba del jardín en busca de ella, pero no se animaba, porque siempre estaba con el conejo…
La nena llego a la casa del vecino, (siempre sin saber donde estaba) encantada en su bosque. Abrió la puerta que ya estaba entornada, y lo primero que vio fue un gran espejo enfrente de ella. Pero el pánico se apodero de su hermoso rostro, ya que vio reflejado en ese espejo a su conejo. Corrió como corre un niño con miedo, pero con el deseo y el temor del que se teme por alguien que ama con todas sus fuerzas. El gato solo la miró sin hacer nada, entonces ella se abalanzó sobre el cristal, destruyéndolo, y transformándolo en mil pedazos.
Era como volver de un sueño, al que al despertar se destruye la ilusión de lo hermosa que ha vivido, ya que solo fue un sueño.
La última imagen fue el conejo congelándose…
La nena lloraba, rodeada de sangre, junto al gato. Y este estaba perplejo, como un niño frente a un asesinato.
El vecino llego corriendo ante el estruendo y llamo rápidamente a la mamá de la nena.
Paso un año, y la nena nunca olvido al conejo, pero ahora cada vez que regresaba al jardín, se iba al del vecino a buscar al gato. Pero el gato era arisco, a pesar de que por dentro quería estar con ella, deseaba jugar, su doble cara la ignoraba, y se iba, pasándole por al lado.
Entonces uno de esos días. La nena siguió al gato, y, al entrar en la casa volvió a ver otro espejo enfrentándola con el reflejo de su conejo, aún congelado.
Fue ahí cuando nuevamente salto sobre el espejo. Los cristales volvieron a romperse, pero esta vez sobre la dulce cara de la nena.
Otros se clavaron en su sutil cuello, pero ya no reaccionaba para ese entonces.
Por fin la nena y el conejo volvieron a estar juntos, y a jugar para siempre…
Pero el viejo gato, arrepentido, y dolorosamente enamorado de la nena no pudo estar en paz. Pudo haber cambiado algo de la historia… Incluso haber aprovechado la ausencia del conejo.
Al poco tiempo, cuando el gato estaba en el jardín, solo, lamentándose, la puerta de su amo se abrió, fue corriendo, y apenas vio el espejo huyó temeroso ante la imagen reflejada…
q hermoso texto amor
ResponderEliminarespero q el blog tenga muhcos comentarios