Jugaba con su pelo que se escabullía por entre sus dedos, ese pelo que parecía arder, con la misma pasión que ella le ponía a todo.
Tan indefensa entregada al mundo onírico pero a la vez tan perspicaz, se sentía tanta fogosidad en el aire… Como si al dormir, su espíritu rebelde saliera de su cuerpo para protegerla.
El le agarraba la cara con sus grandes manos, haciéndola ver más frágil de lo que parecía.
Tanta historia… tantos recuerdos en el aire. Y tanto tiempo transcurrido…
Ella le regalo una canción…
El le regalo un collar
Ella le regalo una rosa blanca,
El, su juventud.
Y la habitación empezó a derrumbarse.
Las paredes comenzaron a despintarse, a llenarse de momentos, de testigos, de peleas, de atardeceres…
Los muebles empezaron romperse, a caer al suelo sin hacer ruido.
Se dejaron de escuchar sonidos, el mundo se empezó a convulsionar.
Solo estaba el, ahí, relajadamente viendo todo como una película muda.
Las paredes de ajaban, los cuadros caían de ellas, las repisas, llenas, de recuerdos, de regalos…
Ella nunca lo noto, estaba dormida, congelada, tan insegura, tan fuerte…
El la abrazo firmemente, ella soñó con un día lejano.
Eran jóvenes, y ella le regalo un beso,
El era muy tímido.
El techo callo encima de la habitación.
Solo había humo y polvo en el aire.
Cuando ella despertó estaba sola, como de costumbre…
Extrañaba esos brazos, el calor protector para dormir
Ese beso en la frente que le ardía cada noche…
Miró a su alrededor y la habitación estaba vacía, no había nada.
El ya había desaparecido hace mucho.
Había tierra, escombros por todos lados…
Ella se levanto de lo que quedaba de su cama y observó las ruinas.
Perpleja, paradójicamente alegrada.
El estaba sentado en un rincón de la habitación mirándola.
Pero ella no lo veía, ni iba a poder hacerlo nunca más

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"Ya sabe ud. que nosotros, pobres artistas, tenemos que dejarnos ver en sociedad de cuando en cuando, lo suficiente como para recordar que no somos unos salvajes". (Oscar Wilde, El retrato de Dorian Gray)