
Un conejo de peluche para una casa tomada
Como todo día predecible y normal (quien podría llamarlo normal en este mundo), desperté en mi cama por la mañana. Quizás a esta altura me hubiese gustado no haber despertado. Pero las cosas no se pueden cambiar luego de haber pasado.
Fueron todos hechos extraños, como un sueño. A lo mejor lo fue. Ese día conocí a Alex. Creía que alguien con ese nombre no podría causar miedo, pero me equivoque. Cuando quise salir de mi casa me encontré con una fortaleza. No podía escaparme, realmente no se como, tampoco como intenté irme, pero lo cierto es que no podía. En ese instante conocí la razón de porque estaba atrapada. Esa razón era un conejo de aproximadamente 1,60 cm de alto, grisáceo, sucio y medio rotoso. Le encontré un parecido con otro de su especie y me puse contenta porque pensé que no me podía hacer nada. Pero realmente no era como aquel conejo, este parecía ser de una mafia superior, o algo por el estilo. Pero solo pude verlo esa vez, el resto del tiempo solo permanecía allí. Es difícil de explicarlo, intentaré hacerlo. Fue como si estuviese un piso más arriba de nosotros, no un piso de la casa, ya que esta era solo de planta baja. Pero estaba allí, sobre nosotros. Como un dios todopoderoso, observándonos y controlándonos. Era un dogma de conejos o algo así. Creíamos que estaba ahí. Podíamos sentirlo. No existía el agnosticismo. Era sencillo, y no era una religión. El puto conejo superpoderoso estaba sobre nosotros. Era patético confesar eso, daba bronca si uno no era creyente.
En fin, había guardianes o algo por el estilo, que nos vigilaban, uno en cada puerta, en cada ventana. Eran inútiles, no pensaban, tan solo eran hombres vestidos de negro con anteojos de sol obscuros. Pero me gustaba llamarles “no muertos”, era más emocionante. Siempre me gustaron los zombies. Quizás no tanto como los vampiros, pero eran geniales.
Entonces los no muertos protegían cada escapatoria. Como dije entonces, todos lo hechos de ese día no los recuerdo con exactitud. Y lo que rescato era una película predecible: intentar hablar por teléfono y encontrar el cable cortado, burlarse de los estúpidos vigilantes/no muertos, y fracasar, era sin duda una mezcla de absurdo y lo predecible, de esas películas que nos hartan, hasta que somos los únicos que quedan en el cine a ver si cambia algo. La única diferencia era la idea de estar atrapados en su propia casa x un conejo gigante mafioso. Eso si que no lo había visto.
Por otra parte lo relacione con un sueño que había tenido anteriormente, era increíble, nunca había soñado una ridiculez semejante: el funeral de un conejo. Pero no un conejo de mascota. Uno igual que Alex. La única diferencia era su pelaje blanco y algunos detalles rosados.
Un conejo también gigante, de mas de metro y medio adentro de un cajón, en una casa vejatoria, rodeado de flores y gente mirándolo e ignorándolo como cualquier persona de ahí. Esa mañana al despertar no sabía si reír o preocuparme. No tomé nada por lo menos por un mes antes de dormir.
Me había olvidado de ese sueño cuando conocí a Alex, solo lo recordé por el hecho de que pensaba si tendría algo que ver. Tampoco recuerdo las personas con las que estaba, pero se que no estaba sola, aunque creyera que si.
Finalmente se que unas de esas personas salieron, pero era parte de un trato. Luego tendrían que volver. Y yo planeaba una trampa. En ese momento mezclado de terror y fascinación apareció una niña, una niña muy pequeña, pelirroja y demasiado pálida, la cual salió de la habitación en la que estaba el conejo.
La joven tenía un vestido carmesí y un aspecto demasiado espectral. Sus ojos resaltaban notablemente. Bajo el brazo llevaba un conejo de peluche, igual a Alex. Ahí se desvaneció todo, junto a la inocente voz de la niña:
-Gracias por jugar conmigo-
Todo desapareció, fue increíble. Tanto hermoso como aterrador. No comprendía nada.
Me emocionó esa historia, tanto quería escribirla, pero Alex me dijo que ya era un libro o una película, no le entendí. Me sentí triste.
Todo cambió cuando la niña antes de desaparecer me susurró una vez más con su vos tan pura:
-Estas soñando, escríbelo cuando despiertes-
Fueron todos hechos extraños, como un sueño. A lo mejor lo fue. Ese día conocí a Alex. Creía que alguien con ese nombre no podría causar miedo, pero me equivoque. Cuando quise salir de mi casa me encontré con una fortaleza. No podía escaparme, realmente no se como, tampoco como intenté irme, pero lo cierto es que no podía. En ese instante conocí la razón de porque estaba atrapada. Esa razón era un conejo de aproximadamente 1,60 cm de alto, grisáceo, sucio y medio rotoso. Le encontré un parecido con otro de su especie y me puse contenta porque pensé que no me podía hacer nada. Pero realmente no era como aquel conejo, este parecía ser de una mafia superior, o algo por el estilo. Pero solo pude verlo esa vez, el resto del tiempo solo permanecía allí. Es difícil de explicarlo, intentaré hacerlo. Fue como si estuviese un piso más arriba de nosotros, no un piso de la casa, ya que esta era solo de planta baja. Pero estaba allí, sobre nosotros. Como un dios todopoderoso, observándonos y controlándonos. Era un dogma de conejos o algo así. Creíamos que estaba ahí. Podíamos sentirlo. No existía el agnosticismo. Era sencillo, y no era una religión. El puto conejo superpoderoso estaba sobre nosotros. Era patético confesar eso, daba bronca si uno no era creyente.
En fin, había guardianes o algo por el estilo, que nos vigilaban, uno en cada puerta, en cada ventana. Eran inútiles, no pensaban, tan solo eran hombres vestidos de negro con anteojos de sol obscuros. Pero me gustaba llamarles “no muertos”, era más emocionante. Siempre me gustaron los zombies. Quizás no tanto como los vampiros, pero eran geniales.
Entonces los no muertos protegían cada escapatoria. Como dije entonces, todos lo hechos de ese día no los recuerdo con exactitud. Y lo que rescato era una película predecible: intentar hablar por teléfono y encontrar el cable cortado, burlarse de los estúpidos vigilantes/no muertos, y fracasar, era sin duda una mezcla de absurdo y lo predecible, de esas películas que nos hartan, hasta que somos los únicos que quedan en el cine a ver si cambia algo. La única diferencia era la idea de estar atrapados en su propia casa x un conejo gigante mafioso. Eso si que no lo había visto.
Por otra parte lo relacione con un sueño que había tenido anteriormente, era increíble, nunca había soñado una ridiculez semejante: el funeral de un conejo. Pero no un conejo de mascota. Uno igual que Alex. La única diferencia era su pelaje blanco y algunos detalles rosados.
Un conejo también gigante, de mas de metro y medio adentro de un cajón, en una casa vejatoria, rodeado de flores y gente mirándolo e ignorándolo como cualquier persona de ahí. Esa mañana al despertar no sabía si reír o preocuparme. No tomé nada por lo menos por un mes antes de dormir.
Me había olvidado de ese sueño cuando conocí a Alex, solo lo recordé por el hecho de que pensaba si tendría algo que ver. Tampoco recuerdo las personas con las que estaba, pero se que no estaba sola, aunque creyera que si.
Finalmente se que unas de esas personas salieron, pero era parte de un trato. Luego tendrían que volver. Y yo planeaba una trampa. En ese momento mezclado de terror y fascinación apareció una niña, una niña muy pequeña, pelirroja y demasiado pálida, la cual salió de la habitación en la que estaba el conejo.
La joven tenía un vestido carmesí y un aspecto demasiado espectral. Sus ojos resaltaban notablemente. Bajo el brazo llevaba un conejo de peluche, igual a Alex. Ahí se desvaneció todo, junto a la inocente voz de la niña:
-Gracias por jugar conmigo-
Todo desapareció, fue increíble. Tanto hermoso como aterrador. No comprendía nada.
Me emocionó esa historia, tanto quería escribirla, pero Alex me dijo que ya era un libro o una película, no le entendí. Me sentí triste.
Todo cambió cuando la niña antes de desaparecer me susurró una vez más con su vos tan pura:
-Estas soñando, escríbelo cuando despiertes-
tarea para literatura

- Protocolo
Debido a la consigna quiero hacer un texto, y principalmente pienso en una persona a la cual escribirle. Rápidamente se me ocurre alguien, y entonces ordeno todo lo que quiero decirle.
Quiero hacerle preguntas, pero sin esperar respuestas, decirle que lo extraño, pero que no se dé cuenta de lo mucho de me lastimó.
Hacerle saber que quiero ser su amiga, pero que entienda que no me arrepiento de nada. Ser tan sincera para conmoverlo como yo se hacerlo. Y que cada recuerdo, cada palabra sea algo nuestro, que haya significado algo.
Quiero hacerle sentir que estaba equivocado, pero reconocerle que yo también estuve mal. Le diría que aún siento muchas cosas, pero que no se dé cuenta de mis verdaderos sentimientos.
Quiero decirle que lo entiendo, y que a pesar de que él haya elegido otra vida yo intento reconstruir la mía. Hacerle saber que no espero nada de él, porque lo acepté así. Y decirle que aún tengo esperanzas, pero no ser tan obvia.
Parece ser un relato común o más bien no tener tantas dificultades, pero en el amor es imposible. Algunas cosas solo las entendería él, o mejor dicho gran parte del texto está escrito en forma ambigua. Pero el verdadero deseo esta en el sentimiento aunque las expectativas no estén cumplidas en su totalidad. - Redacción del texto
Porque fuiste tan importante que el olvido te recordó más que estando presente.
Porque Domingo se rió de nosotros mientras contábamos historias, el mismo Domingo que siempre llora a las siete de la tarde.
Porque la luna me vio temblar la primera vez que me abrazaste, y tu espíritu inquieto me dio la tranquilidad que nunca sentí.
Porque tu mirada dura y expresiva me ayudó y me enseñó muchas cosas, incluyendo el valor de la amistad.
Porque nos reímos con sarcasmo del mundo despreciable y pateamos odio para conseguir amor.
Porque creíste en mi noche de tormenta, en la revolución y en el septiembre que se desvaneció ante la primer ráfaga de viento.
Porque somos inconformistas, lloramos, y nos gusta la literatura tanto como la música.
Porque viví un vehemente sueño del que me costó despertar, y recordar todo eso no trae sino mas melancolía e inútiles lamentos.
Porque nunca voy a perder mi magia ni lo que me hiciste sentir.
Y porque escribir no alcanzará para contar tu historia. Te agradezco por ser mi delirio aquellas tardes funestas. Yo siempre creí en el destino, y sería injusto dejar de hacerlo ahora...
Porque no puedo dejar de quererte, y porque nunca rompí una promesa.
El cántico de la noche murmuraba inocentemente una amistad eterna. Y porque una inevitable aflicción me llena de pena al rechazarte...
(marzo/2008)
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